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Ha accedido a los BLOG EDITORIAL C & M archivos del weblog del día 8. Septiembre 2010.

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Archivo para 8. Septiembre 2010

“La conjura de los necios”

john_kennedy_toole.jpg

 “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”

Johnathan Swift

Con esta cita arranca la novela de John Keneddy Toole, un autor que se suicidó cuando contaba con 31 años porque no pudo publicar su obra “La conjura de los necios” la primera obra que escribía. Su vida podría tratarse como una novela, ya que peregrinó de editorial en editorial sin ningún éxito (algo a lo que los escritores primerizos están acostumbrados), pero Keneddy no pudo soportar tanta negatividad, y acabó suicidándose.

Su madre, después de la muerte de su hijo, intentó publicar la novela,  pero comprobó que las editoriales le cerraban las puertas. Pero ella no iba a perder nada por seguir intentando la publicación póstuma de la novela, y al final pudo contactar con un escritor famoso: Walker Percy que le dio la esperanza en una editorial universitaria.

La verdad es que esta editorial independiente no era la plataforma de lanzamiento para llegar al éxito, pero el boca a boca, funcionó y se vendió a millares.

Al año siguiente, le concedieron el Premio Pulitzer y fue reconocido en todo el mundo como un gran escritor, a la altura de los grandes.

Su personaje, Ignatius Reilly, es gordo, no tiene trabajo, vive con su madre, es una especie de Oliver Hardy delirante, un don Quijote adiposo, Un Tomás de Aquino perverso en violenta rebeldía contra todo el mundo, tumbado en su cama con su camisón de franela, en el hogar de su madre, en la calle Constantinopla de la ciudad de Nueva Orleans, llenando cuadernos y cuadernos de citas y reflexiones propias entre gigantescos eruptos y escapadas de gases.

la-conjura.jpg

  Toda la novela es una crítica hacia la sociedad americana y logra mantener la atención del lector, yo creo que mucho mejor en una segunda lectura. Esta novela es de las que hay que leérsela dos o tres veces, para comprender todo lo que nos quiso decir el escritor con su primera obra. (Posteriormente se publicó una segunda que tenía guardada “La biblia de Neón”).

El abanico de personajes van pululando a través de Ignatius Reilly, y muchos de ellos van afianzándose no como secundarios sino que dan la sensación de que son los principales: la madre, el policía desastroso, la mujer del dueño de la fábrica del primer trabajo de Reilly…

Ignatius nunca antes había trabajado, pero debe hacerlo para sufragar los gastos de un accidente que tiene su madre con el coche. Va pasando de empleo en empleo, cada cual más cutre, todo para que la crítica vaya creciendo en las páginas de la obra de Keneddy Toole.

No deja títere con cabeza, todo es una crítica mordaz de la época que le tocó vivir al escritor. Hay momentos que no puedes evitar una carcajada, y en otras, nos sumerge la melancolía.

Como nos dice al principio de la novela, la Fortuna gira siempre hacia abajo y cada vez le pasa algo a nuestro protagonista, los acontecimientos se sucenden vertiginosamente y todo se conjura hacia él.

ignatius-reilly-statue.JPG

 Existe una estatua sobre el personaje de Keneedy Toole que recrea el aspecto del personaje, Ignatius Reilly, en el bloque 800 de Canal Street en Nueva Orleans, ciudad donde nació el escritor. La estatua está creada a imagen y semejanza del actor que encarnó al personaje en un teatro de la localidad.

Una triste historia, ya que el escritor nunca pudo suponer la repercusión que tuvo su novela, diez años después de su muerte, y que ha sido considerada todo un clásico de la literatura mundial.

 

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