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Ha accedido a los BLOG EDITORIAL C & M archivos del weblog del día 17. Febrero 2010.

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Archivo para 17. Febrero 2010

“La letra, con sangre entra”

letra-con-sangre-entra.jpg

Una frase que aún en nuestros días me hace temblar.

Los que ya pasamos de los cuarenta años, comprenderemos bien esta frase terrible que se decía en muchas escuelas para que aprendiéramos la explicación del maestro (y digo bien, maestro, que ahora son profes), y que sufríamos en nuestras carnes el maltrato físico y psicológico de los docentes antiguos.

Quizá estábamos en otra época, existía más respeto y el maestro tenía la autoridad suficiente para reprender a los chicos y que los padres asumían bastante bien; e incluso, si te había reñido el maestro, también recibías un guantazo de tu padre por haber recibido el castigo en el colegio.

-Si te ha pegado el maestro, algo habrás hecho.

Por una parte, me parecía bien ese respeto que hoy en día se ha perdido, pero nunca he entendido que la cultura  podía meterse así por la fuerza bruta, porque no todos los niños son iguales ante los estudios, y lo que temíamos era el castigo físico y la burla que hacía menospreciarte delante de toda la clase. 

Yo recuerdo, que estando en el Colegio Pío XI de Sevilla (ya desaparecido), el director se acercaba a la hora del recreo, y si veía a dos alumnos enfrascados en una pelea, la terminaba a guantazos limpios. En una ocasión los padres quisieron pegarle porque no era normal las tácticas de este energúmeno.

En las clases, he sufrido “la palmeta” que se hacía con aquella famosa regla de madera, y te hacían poner los dedos juntos para recibir tamaño castigo. O también los tirones de patillas que tenía su gracia cuando era a otro compañero, pero cuando te tocaba a ti, el dolor era insoportable.

Aquel maltrato físico, creo sinceramente que nunca se olvida, y aunque ahora es todo lo contrario, ya que los alumnos hacen lo que quieren e incluso denuncian al profesor si les habla más alto que a los demás, ni lo uno ni lo otro.

 

castigo_2.jpg

Aquellos castigos eran muy frecuentes en los colegios de curas, y en uno de ellos, le oí a un maestro, además vecino mío de comunidad, la temida frase:

La letra, con sangre entra!

No se me olvidará jamás. La había oído de boca de otros alumnos, pero era la primera vez que la escuché de un “maestro”??? y se la estaba comentando a mi padre, como la única solución de que los chicos aprendieran la lección y se comportaran en las clases.

La palmeta, los jalones de patillas, los correazos, los sanmartines (una especie de cinturón de cuero que terminaba en varias puntas con nudos), los lapos (el golpe en la cara con la mano abierta), y  cuando te ponían cara a la pared, de rodillas y con las manos extendidas soportando varios volúmenes en cada mano, y con mucho cuidadito que no se te cayeran porque sino…

Castigos que por suerte desaparecieron en el tiempo, pero que a todos los que lo sufrimos, no los borrarán de nuestros recuerdos.

Y rememorarlos en este post aún me producen escalofríos y vergüenza por los abusos que se cometían y se aprobaban.

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