Desayuno con diamantes
Sábado, Febrero 28th, 2009“Desayuno con diamantes” es una de esas películas donde la dirección, el guión, los actores están soberbios. Basada en una novela de Truman Capote, los actores: Audrey Hepburn y George Peppard lo bordan en sus interpretaciones y hacen de la película una de las mejores en la historia del cine.
A mí, particularmente, son de esos filmes que los visiona una vez cada año, y sigue pareciéndome una obra maestra. Tanto me gustó que cuando estaba en la radio hablando de cine, la tenía como sintonía de mi programa, y creo que resume el cine que se hacía en los años sesenta.
Aparece Audrey Hepburn (Holly Golightly) en escena en un Nueva York un tanto insólito por su poco tráfico. Ese taxi que se para y de él se apea y se dirige a los escaparates de la joyería Tyffanys, mientras toma un café con un bollito (a Audrey no le gustó nunca la bollería), y es raro verla con uno de ellos degustándolo mientras observa con detenimiento las joyas que relucen, sin saber que ella es también una de ellas en manos de los ricos a los que visita.
La protagonista principal es ella y todo gira en torno a su figura. Subsiste con los poderosos que conoce en las fiestas que acude, y les saca el dinero que lo emplea para comprarse las joyas y los vestidos que luce en toda la película. Una vida totalmente falsa y superflua, hasta que aparece en su vida el escritor que se instala en la parte de arriba de su apartamento y todo cambia cuando le conoce.
Son dos seres solitarios y condenados, por tanto, a entenderse. La vida que llevan, ella en un ambiente lleno de lujo y perversión, sin encontrar el amor, y Paul Varjak (George Peppard), un escritor frustrado que vive de lo que le da su novia, mucho mayor que él, y que sigue escribiendo sin buscar un empleo estable, no pueden encontrar jamás la felicidad.
La actuación de Audrey es genial. El personaje estaba hecho para ella (aunque al principio se pensó en Marilyn Monroe),y menos mal que no se lo dieron. La banda sonora, Moon River, la compuso Henri Mancini pensando exclusivamente en ella para que la pudiese cantar personalmente.
La escena de Holly, en el marco de su ventana, con la toalla enrollada en su cabeza, mirando hacia el infinito y cantando, guitarra en mano, la canción Moon River, quedará grabado en nuestra memoria para siempre.






